El ácido úrico suele tener mala fama, sinónimo del dolor insoportable de la gota. Pero, en realidad, es un compuesto normal e incluso beneficioso para nuestro organismo. El problema empieza cuando hay un exceso. Entonces, ¿cómo se crea el ácido úrico y qué provoca su acumulación hasta niveles perjudiciales? Profundicemos en el recorrido de una molécula de ácido úrico.
Parte 1: El origen – ¿De dónde proviene el ácido úrico?
El ácido úrico es el producto final de la descomposición de sustancias llamadas purinas.
Purinas desde dentro (la fuente endógena):
Imagina que tu cuerpo es una ciudad en constante renovación, con edificios antiguos que se derriban y nuevos que se construyen a diario. Las purinas son un componente clave del ADN y el ARN de tus células: la estructura genética de estos edificios. Cuando las células mueren de forma natural y se descomponen para su reciclaje (un proceso llamado recambio celular), liberan sus purinas. Esta fuente interna y natural representa aproximadamente el 80 % del ácido úrico en tu cuerpo.
Purinas de tu plato (la fuente exógena):
El 20% restante proviene de la dieta. Las purinas están presentes de forma natural en muchos alimentos, especialmente en altas concentraciones en:
•Vísceras (hígado, riñón)
•Ciertos mariscos (anchoas, sardinas, vieiras)
•Carne roja
•Alcohol (especialmente cerveza)
Cuando digerimos estos alimentos, las purinas se liberan, se absorben en el torrente sanguíneo y finalmente se convierten en ácido úrico.
Parte 2: El viaje: de la producción a la eliminación
Una vez producido, el ácido úrico circula en la sangre. No está destinado a permanecer allí. Como cualquier desecho, necesita ser eliminado. Esta función crucial recae principalmente en los riñones.
Los riñones filtran el ácido úrico de la sangre.
Aproximadamente dos tercios se excretan a través de la orina.
El tercio restante lo procesan los intestinos, donde las bacterias intestinales lo descomponen y lo eliminan en las heces.
En circunstancias ideales, este sistema se encuentra en perfecto equilibrio: la cantidad de ácido úrico producido es igual a la cantidad excretada. Esto mantiene su concentración en sangre en un nivel saludable (por debajo de 6,8 mg/dl).
Parte 3: La acumulación: ¿Por qué se acumula el ácido úrico?
La situación se complica cuando el cuerpo produce demasiado ácido úrico, los riñones excretan muy poco o una combinación de ambos. Esta afección se denomina hiperuricemia (literalmente, "alto nivel de ácido úrico en la sangre").
Causas de la sobreproducción:
Dieta:Consumir una gran cantidad de alimentos y bebidas con alto contenido de purinas (como refrescos azucarados y alcoholes con alto contenido de fructosa) puede saturar el sistema.
Renovación celular:Ciertas afecciones médicas, como el cáncer o la psoriasis, pueden provocar una muerte celular inusualmente rápida, inundando el cuerpo de purinas.
Causas de la subexcreción (la causa más común):
Función renal:La función renal deteriorada es una causa importante. Si los riñones no funcionan eficientemente, no pueden filtrar el ácido úrico eficazmente.
Genética:Algunas personas simplemente están predispuestas a excretar menos ácido úrico.
Medicamentos:Ciertos medicamentos, como los diuréticos ("pastillas de agua") o la aspirina en dosis bajas, pueden interferir con la capacidad de los riñones para eliminar el ácido úrico.
Otras condiciones de salud:La obesidad, la hipertensión y el hipotiroidismo están relacionados con una menor excreción de ácido úrico.
Parte 4: Las consecuencias – Cuando el ácido úrico se cristaliza
Aquí es donde empieza el verdadero dolor. El ácido úrico no es muy soluble en sangre. Cuando su concentración supera su punto de saturación (el umbral de 6,8 mg/dl), ya no puede mantenerse disuelto.
Comienza a precipitarse fuera de la sangre, formando cristales de urato monosódico afilados y con forma de agujas.
En las articulaciones: Estos cristales suelen depositarse en las articulaciones y sus alrededores, siendo su punto predilecto la articulación más fría del cuerpo, el dedo gordo del pie. Esto se conoce como gota. El sistema inmunitario percibe estos cristales como una amenaza externa, desencadenando un ataque inflamatorio masivo que provoca dolor repentino e intenso, enrojecimiento e hinchazón.
Debajo de la piel: Con el tiempo, grandes grupos de cristales pueden formar nódulos calcáreos visibles llamados tofos.
En los riñones: Los cristales también pueden formarse en los riñones, provocando cálculos renales dolorosos y contribuyendo potencialmente a la enfermedad renal crónica.
Conclusión: Mantener el equilibrio
El ácido úrico en sí no es el villano; en realidad, es un poderoso antioxidante que ayuda a proteger nuestros vasos sanguíneos. El problema radica en un desequilibrio en nuestro sistema interno de producción y eliminación. Al comprender este proceso —desde la descomposición de nuestras propias células y los alimentos que consumimos, hasta su crucial eliminación por los riñones—, podemos apreciar mejor cómo el estilo de vida y la genética influyen en evitar que este desecho natural se convierta en un residente antinatural y doloroso en nuestras articulaciones.
Hora de publicación: 12 de septiembre de 2025